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Seguridad digital

Cómo actuar ante los ‘deepfakes’ (1/3): consejos prácticos para periodistas

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Impulsados por el vertiginoso auge de la inteligencia artificial generativa (IAG), los deepfakes —esos montajes digitales que suplantan la identidad de personas reales— son una realidad consolidada en el panorama informativo mundial. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, Reporteros Sin Fronteras (RSF) registró, de forma no exhaustiva, al menos 100 periodistas víctimas de estos contenidos manipulados en 27 países. ¿Cuáles son las tres formas que puede adoptar un deepfake? ¿Cómo detectarlas?

Usar un rostro conocido para estafar

El mecanismo más extendido del deepfake aprovecha el vínculo de confianza entre una personalidad mediática bien identificada y su público con el fin de manipularlo. Suelen predominar dos escenarios. En el primero, se utiliza la imagen del periodista, sin su autorización, para vender un producto: cosméticos, suplementos alimenticios, servicios financieros, etc. En el segundo, se presenta al periodista en una situación inventada, como una falsa detención o un altercado, para incitar al espectador a hacer clic en un enlace fraudulento.

Este tipo de ataque es masivo y suele llevarse a cabo mediante publicaciones patrocinadas. Un solo periodista puede ser objeto de cientos de contenidos falsos simultáneamente. Las víctimas rara vez se enteran por sistemas de alerta establecidos de antemano: son sus allegados, los telespectadores engañados o desconocidos furiosos por haber sido estafados quienes se ponen en contacto con ellos.

Los periodistas de televisión o de medios digitales, figuras cuyos rostros son conocidos por el gran público, son muy a menudo el blanco de estos montajes.

Manipular a la opinión pública

Los deepfakes con fines de desinformación explotan de manera ambigua la imagen del periodista. Se trata de dar credibilidad a una información falsa o de desestabilizar a un periodista atribuyéndole declaraciones que nunca ha hecho.

En Portugal, el rostro y la voz del presentador Pedro Benevides fueron manipulados en un vídeo publicado en Facebook en septiembre de 2025. El falsificador le hacía decir que el gobierno había urdido una conspiración con la industria farmacéutica en el marco de la pandemia de la COVID-19. En septiembre de 2023, un audio generado por Inteligencia Artificial (IA) simulaba una conversación entre la periodista eslovaca Monika Todova y un dirigente político, dando a entender que se disponían a amañar las elecciones legislativas eslovacas. El deepfake circuló en pleno periodo de reflexión, en vísperas de las elecciones.

Acoso a periodistas

Los deepfakes cuyo objetivo es acosar a los periodistas no buscan engañar, sino humillar, y plantean retos diferentes. El contenido actúa como munición a disposición de un grupo ya de por sí hostil hacia el periodista, como un detonante en torno al cual puede cristalizarse una campaña de acoso. Según datos de RSF, en los últimos años se ha representado a periodistas como yihadistas o cerdos, o con uniformes militares en un contexto sensible de guerra, por ejemplo. En esta categoría se incluyen también los deepfakes pornográficos: casi siempre mujeres periodistas escenificando situaciones sexuales inventadas.

Estos deepfakes tienen como propósito intimidar y silenciar a los periodistas haciendo insoportable el coste personal del ejercicio de la profesión.